martes, 27 de mayo de 2014

Ya no te espero

Ya no te espero,
porque llegaste,
porque hiciste luz
en todos los rincones.

Ya no te espero
porque tus vientos
acarician mi rostro:
hoy, solo te tengo.

Te miré demasiado
a través de mis ojos cansados
y el horizonte que fuiste
hoy duerme entre mis brazos.

Ningún veintiséis,
ningún aroma de ventisca,
ningún hábito perdido,
ni la solapa de la noche.

Ya nada es lo mismo
porque crecimos,
porque encontramos un sendero
que convergió en nuestros labios.

Ya no te espero,
hoy es el tiempo del retorno
a lo que fuimos de antemano
a ser amigos, que se aman.

Ya no te espero,
ya que eres el océano
en el que nadan mis peces
y rebrotan mis romances.

Esta noche dejaré la ventana abierta
a ver si entras como un rocío
que cae sobre mi alma
y la humedezca con su esencia.

Ya no te espero,
pero cada noche que no estás
yo te sigo esperando
como te esperé, como te espero
y como te esperaré por siempre.

lunes, 12 de mayo de 2014

Impiedad

Si Beethoven enloqueció en su genialidad musical, yo podría enloquecer por la de nuestro amor. Una inefable teogonía en la cual el desvelo del Dios permanece en nuestras sábanas después del amor. Una tarde, caminando por Sarandí, pensé en que llegabas y te besaba: eras tibia como el aire que respiraba; tenue, como el oleaje sempiterno de la costa en la rambla; atardecías, como el sol que amanece y se pone por el mar. Eras simple, como lo sencillo, pero inmensa, como el espacio universal. Yo entonces no sabía si estabas o no estabas: en tu ausencia eras la presencia más poderosa que podría haber siquiera imaginado, con tus nubes flotando en mi cabeza, con el aroma de tu cuerpo aquella madrugada de enero que, desnudo, se entregó al inicio de un perfecto futuro desconocido (cuán sabios fueron nuestros sentimientos en aquella noche que continúa susurrando en mi oído y que me despierta por las madrugadas en las que la tormenta no arrecia en mi ventana y la humedad todo lo cubre) El dios te conocía, pues la materia del hombre se disipa en cada uno de los individuos y la esencia de tu ser era como la de una criatura del bosque, que deja una huella indeleble, como el aroma absoluto de tu perfume en el enigma de tu habitación.

La ciudad santiaguina está llena de ti, esta noche, en la que el vino cae como un rocío que alimenta mis deseos de tu ser. Cómo quisiera tenerte silenciosa en tu sueño violento junto a mí. Entonces, acariciaría la piel de tu rostro, con la tranquilidad y la parsimonia de un artista frente a una realidad que no comprende, pero cuya belleza emana de su mismo ser: si tan solo supieras lo hermosa que luces a través de mis ojos. Bebería de la miel de tus ojos; me bañaría insistentemente en la profundidad de tu ser; acamparía en tus senos, en la callada línea de tus labios y entonaría un himno a tu cintura. Es probable que la locura nos consuma, pero cuán verdadera es la locura en el amor.

Mañana todo seguirá igual. La calle estará cubierta del misma oleaginoso del aceite que la lluvia no pudo llevarse. Mis errores se eternizarán en la pizarra y no podré mirar por la ventana en una sonrisa. Escanciaré tus palabras cargadas de energías que propicie en tu ausencia, pues si estuvieras yo sabría siempre qué hacer. Mañana quizá será un día de regaños, o quizá cargado de esperanzas y de besos paralelos: así será, quién sabe, el mañana se nos escapa y queda en presente, como aquella empresa que nos atrevimos a emprender y que por causas vesánicas terminó con una vida en que juntos construimos el amor que nunca esperamos el uno del otro.

martes, 6 de mayo de 2014

Retrato de una noche de enero

Brillas y te acabas
como un destello
como tus ojos de noche
con la calma del mar
sonando hacia el oeste.
¿Duermes?
Despierta y ven conmigo
que en esta cama individual
hay espacio para dos.
¿Tienes frío?
Entonces desnúdate
y vístete con el calor de mi cuerpo.
Te veré de madrugada
en la azotea
y te haré el amor dos veces
a mi manera
descansarás un momento
escuchando el rocío
que humedece nuestros cuerpos
hasta el hastío.
¿Es verano?
Entonces somos nosotros
amándonos de mil formas
y con la esperanza remota
pero abierta
sin aún alguna yaga
que la someta.
¿Ves estas estrellas?
Son las mismas de esa noche
en que luego de enseñártelas
te llevé a un sofá
y te hice el amor
no una, sino mil veces
pues te amé con mis ojos
con mis manos
con mis ganas
con mis llantos
con mis deseos
con mi esperanza
con mi dedicación
con la extrema delicadeza
de sostener tu cabeza
de acariciar tu cabello
de penetrar en tus ojos
y que los dejaras ser tuyos.
Estas estrellas
hoy iluminan otros lugares
que también hemos hecho nuestros:
Déjalos, ante el canto preciso
todo serán nuestros.
Y te llevaré en otra noche
a conocer mis lugares
y sentirás que en mis brazos
verás las estrellas
y entonces cada noche
será una nueva
porque este amor te presente
con tanta fuerza
que no sabrás donde empieza
ni donde termina.

Ya no son necesarias las quimeras.

Poderosa

Cuando me das paz
yo te doy amor
y si me das paciencia
yo te doy armonía.
Si callas por las noches
entonces yo te contemplo
es tan bello tu rostro
alargado por la luz de la Luna
y tus ojos que descansan
sin sosiego.

Cuando ardes en pasión
entonces te tomo
y te poseo
y te amo
y te abrazo
y tu piel roza la mía
y las lágrimas se disipan
y los árboles son movidos
por el viento desatado
que nos desata.

Así eres cuando no eres
un trozo de melancolía
como una nota que suena a medias
y se desintegra contra la nada:
Te vuelves tan poderosa
como una fuerza planetaria
o su corolario universal.
Así eres cuando te vuelves
con el cabello suelto
y me buscan tus ojos.

Y cuando me buscan tus labios
y se refrescan contra los míos
entonces yo los recibo
como un cuerpo divino
una sublime carne
un destello violeta
y me pasan tantas cosas
por dentro y por fuera
que te reconozco entre todas
como la mía.

Por último, cuando te vas
a tu sueño de primavera
yo te contemplo y espanto
todas tus quimeras
y me dices "te amo" dormida
y cuando despiertas me besas
te vuelves oro brillante
como una luz permanente
te tornas todos los sueños
y el final de mis penas.