miércoles, 5 de marzo de 2014

La sensación de volar

Yo no sabía volar hasta que volé
en tus brazos y tus labios
y tus ojos que derraman miel
y tu mirada endulzante
se transforma en mi delirio
y te amo y te amo 
y no puedo más que gritarlo.

Yo no sabía volar hasta que volé
en tu sonrisa matutina 
y la savia remota de tu ser
que se desprende como una hoja
que cae en otoño
esperando renacer
y nunca dejar de renacer.

Yo no sabía volar
y nunca imaginé
que me dejarías
volar a tu lado
transformándome 
en un ser alado
y dejarme ser
y amar a tu lado.

Yo no sabía volar hasta que volé
en la caligrafía angular 
de tus cartas
y de tus palabras dulces
como un vino añejo.
Volar contigo es como volar
sin dejar de ser y amar.

Yo no sabía volar hasta que volé
en tus brazos abiertos en la noche
y busqué tus recovecos
lo que se transformo en un recodo
hacia una vida
donde podía volar
apaciguado en tu universo estelar.

¿Qué son las noches sin ti
sino una espera de ti?
¿Qué las tardes en el ocaso
si no un hasta pronto?
¿Qué las mañanas relumbrantes
sino un eco de tu desnudez?
¿Qué son tus labios sin los míos
en la inmensidad del firmamento?
¿Cómo no volar hacia ti,
ave fiel compañera,
de mis viajes delirantes
y mis quimeras?
¿Hay acaso un fin para esto,
de modo que me transforme 
en eco perpetuo
de tus besos virtuales?

Aprendí a volar en tus brazos
aunque fueras un ave herida
y tus alas tuvieran yagas:
el amor es más fuerte
y vence todas las batallas.
Por eso, mi terita herida
yo volé en tus brazos
como una hoja en otoño
y de la forma más pura
trajiste en tus besos
la más hermosa de las primaveras.


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